Fluffy, has sido una gata muy especial. Siempre estabas esperándome cuando volvía del trabajo, te gustaba tumbarte en mi cama junto a mí y te quedabas dormida tan tranquila y plácidamente que enseguida ronroneabas. A veces te quedabas mirándome fijamente como si quisieras hablarme, ojalá hubiera podido leer tus pensamientos. Te echo mucho de menos, querida Fluffy y nunca te voy a olvidar. Descansa en paz, querida amiga. Te quiero mucho y siempre te llevaré en mi corazón.