El 22 de diciembre de 2018 llegó a nuestra vida la niña de la casa, ese día fue el inicio de un gran amor, lleno de felicidad, de sonrisas, de alegrías pero sobretodo de lealtad.
Christian, su padre, fue el primero en enamorarse de ella y su ternura, fue un amor a primera vista, desde que la vio supo que Suri tenía que venir a casa. Y no estaba equivocado en esa decisión, fue el mayor regalo que nos pudo hacer a toda la familia.
Alba y Ainhoa, cuando la vieron murieron de amor, solo querían observarla durante horas y ver cada movimiento que hacía, era nuestra nueva mejor amiga, nos la habían traído para conocer lo que era el amor leal, el amor verdadero.
Después la conoció, Mechita, su abuela, quien se murió de ternura al verla y en el momento exacto que la conoció la adoptó como su nueva currita.
Al último llegó, Lorena, el verdadero amor de nuestra perrita. Suri cuando la vio no la quiso soltar hasta el final y así fue realmente.
Ese fue el principio de una larga historia que a día de hoy tiene su fin.
Durante estos 8 años la bebé nos ha llenado de compañía y alegría, por ello estaremos eternamente agradecidos a todo lo que nos ha dado.
Qué recuerdos cuando llegó Suri a casa y nos la puso patas arriba rompiendo zapatilla, cables, servilletas y lo peor de todo haciéndose pipi en el parquet cuando se enfadaba con nosotros (esa costumbre nunca la llegó a perder).
Qué felicidad te daba, cuando después de un día triste ella estaba ahí dispuesta a hacerte un baile porque habías llegado a casa y eso le ponía alegre.
Recuerdo el sonido de sus patitas llegando a mi habitación para jugar conmigo y como rascaba mi puerta para que se la abriera, venía siempre a hacerme compañía. A Suri, le encantaba jugar pero nunca aprendió a darnos la pelota, ni la patita, ella jugaba a su manera, grueñendo, corriendo y saltando. Le encantaba que le persiguiera por el salón y a mí me encantaba atraparla para darle muchos besos.
A sus padres, Christian y Lorena, ella les daba la compañía que ahora necesitan, Suri era de esos perritos que le gustaba estar un domingo todo el día en la cama sin hacer nada. Pero también le encantaba ir a pasear y estar en el bar desayunando y tomando el sol con sus padres.
Lo que más le gustaba a Suri era comer pollito rebozado de la yaya meche y si me lo robaba a mi lo distrutaba aún mas. Suri le bailaba a la yaya para conseguir su pieza de pollo y Mechita siempre le cantaba “ ay mi currito bello, bello, bello, bello”. Entre las dos montaban un escándalo, que era para reírse.
Por otro lado, ella era una perrita, muy presumida como su hermana Ainhoa, la qual nunca la llamó por su nombre para Ainhoa ella siempre fue “perra”. A Suri le gustaba salir a modelar con Ainhoa a la calle, y también le gustaba mucho el koala que ella le regaló cuando volvió a casa la última vez.
Suri realmente ha sido una más de la familia y en estos 8 años nos ha enseñado el amor de verdad, aquel que no necesita palabras, ese que se demuestra con actos, un amor que te llena de felicidad cuando llegas a casa, cuando te sientes triste o cuando te sientes feliz. El amor de un perro es aquel que nunca te falla ni te traiciona.
Ese tipo de amor es el que ella nos daba a nosotros, y el que a día de hoy echamos de menos.
Fue un 18 de agosto de 2026 el día que la perdimos, ese día todo era tristeza, dolor y empezó un duelo que nunca superaremos. Pero a ella siempre la recordaremos con ese amor que nos brindó cada día.
Qué bonita has sido siempre Suri, ahora te vemos en el cielo y nos encantan los atardeceres que pintas, también tu manera de hacer que las estrellas brillen más desde que estás ahí.
Te queremos con todo nuestro corazón, muchas gracias por ese amor tan verdadero, has sido y serás siempre la niña de la casa.
Nos duele un montón despedirnos de ti pero siempre te vamos a recordar con mucha felicidad.