Aún recuerdo el día en que nos convertimos en mejores amigos. Eras el último de aquella caja, y apenas dos minutos después de tenerte en mis brazos apareció una señora que también quería adoptarte. Tuve la enorme suerte de haber llegado antes. En el mismo instante en que te sostuve, supe que íbamos a ser compañeros para siempre. Aquella primera noche, durmiendo juntos mientras tú ronroneabas, lo confirmó todo.
Hemos vivido tantas cosas, aventuras, mudanzas y momentos que siempre llevaré conmigo. Fuiste el rey de la casa, mi Don Gato. Más bueno y cariñoso no podías ser. Eres, y siempre serás, el mejor gato del mundo.
Te quiero muchísimo, Gary. No hay día en que no vaya a acordarme de ti. Tu huella quedó marcada en mi vida de una forma tan profunda que incluso me tatué tu patita, para llevarte conmigo siempre, para que sigamos juntos de alguna manera.
14 años tu lado me han parecido muy pocos, pero llenos de un amor inmenso. Sé que algún día volveremos a vernos, y hasta entonces, seguirás viviendo en mi corazón, en mis recuerdos y en cada rincón de nuestra historia.